Poco se habla de lo importante que es la alimentación en el fútbol (y en cualquier deporte).
Para que el jugador llegue a su máximo rendimiento, tiene que adquirir unos hábitos saludables que le favorezcan. A esto mucha gente le llama el entrenamiento "invisible".
Un aspecto muy importante en este entrenamiento "invisible" es la alimentación. Un entrenador de fútbol base obviamente que no puede controlar lo que un niño come, es imposible, tampoco depende de él lo que tiene que comer en su casa. En nuestra mano queda el aconsejarle sobre distintos hábitos para llevar una alimentación más saludable.
Partido el domingo fuera de nuestra ciudad, muchas horas de bus, es una buena oportunidad para el entrenador para habituar a los niños sobre qué comer antes de un partido. El entrenador tiene que tener planificado las paradas para comer. Hidratos de carbono como pasta, arroz o frutas es lo más típico, ¿no? Por muchas veces que lo aconseje el entrenador no todos llevarán lo más adecuado. El primer día, habrá muy pocas personas con la comida indicada por el entrenador, pero poco a poco irá aumentando ese número de jugadores comiendo pasta y menos jugadores comiéndose un bocadillo.
Otra forma de concienciar a los niños con el tema de la alimentación es dándole pequeñas indicaciones el día antes del partido. Horas de descanso, qué no hacer la noche previa al partido, a qué hora desayunar...habrá jugadores que lo cumplan y jugadores que no, es lógico, son niños.
Pero, son los propios niños los que se darán cuenta que no darán su máximo rendimiento si no le han hecho caso al entrenador, porque, al fin y al cabo, el entrenador quiere lo mejor para sus jugadores.
En nuestro Blog encontraremos información sobre todo lo relacionado con el mundo del fútbol base, es decir, el fútbol para niños. Iré dando mi opinión sobre muchas cosas que ocurren en el fútbol base y colgaré artículos muy interesantes relacionado con esto.
martes, 22 de mayo de 2018
"Vaya robo de partido papá"
El título que he elegido para mi primer artículo del blog es una frase que podemos oír en muchos campos de fútbol cualquier fin de semana. Cuando se pierde un partido de fútbol, lo fácil es eso, echarle las culpas al árbitro y no asumir ninguna responsabilidad de la derrota.
Lo peor de todo, es que también lo vemos en los grandes equipos de fútbol como el Real Madrid o el FC Barcelona, cada vez que pierden un partido se fijan al más mínimo detalle de los errores del árbitro, pero no en las ocasiones falladas por sus propios jugadores o en las decisiones desafortunadas del entrenador. Al igual que un delantero puede fallar un gol claro, un árbitro puede fallar. Nosotros, los humanos, no somos perfectos.
En el fútbol profesional, cuando hay un fallo del árbitro, suele ser una anécdota o un tema de conversación un lunes por la mañana con la vuelta al trabajo.
Pero ahora trasladémoslo a los niños y al fútbol base. El pequeño, al no asumir la responsabilidad de la derrota le estamos inculcando unos valores totalmente negativos. El niño se va a acostumbrar a cuando las cosas no le salgan bien, a culpar a otro, a quitarse las culpas, a lavarse las manos. En cambio, cuando se consigue una victoria en un partido, la culpa es siempre del equipo. ERROR. Se gane o se pierda, la culpa SIEMPRE es del equipo.
La respuesta de los padres favorece al niño a seguir echándole la culpa a los árbitros. Esos mismos padres que desde la grada insultan al árbitro, un árbitro que en el fútbol base es un chaval, no suele sobrepasar los 20 años, que también tiene un padre y una madre, que no tiene que aguantar como un padre insulta a su hijo por haberse equivocado, todos nos equivocamos, y seguro que ese árbitro lo ha hecho sin querer.
Ser árbitro es un trabajo más, como puede ser arquitecto, basurero, abogado o electricista, es un trabajo más. Muchos árbitros pasan miedo en el terreno de juego, pasar miedo en el trabajo, en plena sociedad actual esto sigue ocurriendo.
Son los propios padres los que tienen que ver el fútbol como un deporte.
Lo peor de todo, es que también lo vemos en los grandes equipos de fútbol como el Real Madrid o el FC Barcelona, cada vez que pierden un partido se fijan al más mínimo detalle de los errores del árbitro, pero no en las ocasiones falladas por sus propios jugadores o en las decisiones desafortunadas del entrenador. Al igual que un delantero puede fallar un gol claro, un árbitro puede fallar. Nosotros, los humanos, no somos perfectos.
En el fútbol profesional, cuando hay un fallo del árbitro, suele ser una anécdota o un tema de conversación un lunes por la mañana con la vuelta al trabajo.
Pero ahora trasladémoslo a los niños y al fútbol base. El pequeño, al no asumir la responsabilidad de la derrota le estamos inculcando unos valores totalmente negativos. El niño se va a acostumbrar a cuando las cosas no le salgan bien, a culpar a otro, a quitarse las culpas, a lavarse las manos. En cambio, cuando se consigue una victoria en un partido, la culpa es siempre del equipo. ERROR. Se gane o se pierda, la culpa SIEMPRE es del equipo.
La respuesta de los padres favorece al niño a seguir echándole la culpa a los árbitros. Esos mismos padres que desde la grada insultan al árbitro, un árbitro que en el fútbol base es un chaval, no suele sobrepasar los 20 años, que también tiene un padre y una madre, que no tiene que aguantar como un padre insulta a su hijo por haberse equivocado, todos nos equivocamos, y seguro que ese árbitro lo ha hecho sin querer.
Ser árbitro es un trabajo más, como puede ser arquitecto, basurero, abogado o electricista, es un trabajo más. Muchos árbitros pasan miedo en el terreno de juego, pasar miedo en el trabajo, en plena sociedad actual esto sigue ocurriendo.
Son los propios padres los que tienen que ver el fútbol como un deporte.
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